Antonio Amdridejos - Barcelona
El homínido vivió hace 4,4 millones de años en Etiopía
Ardi medía 120 centímetros, pesaba 50 kilos y podía caminar erguida, aunque posiblemente también trepaba a los árboles. Era una criatura salpicada de sorpresas anatómicas, según sus descubridores, pero en absoluto se trataba de un simio. Vivió hace 4,4 millones de años en la región de Afar, en la actual Etiopía, y sus primeros restos aparecieron hace 17 años. Ayer, finalmente, tras largos análisis, limpieza de las piezas y nuevos hallazgos, 11 artículos publicados simultáneamente en la revista Science certifican la importancia de Ardi en la historia de la evolución humana: no se ha encontrado nunca un esqueleto de un homínido tan completo y tan antiguo. Es la nueva candidata a abuela de la humanidad.
Está por ver si Ardi, adscrita a la especie Ardipithecus ramidus, entrará en los libros de texto, pero como mínimo es un millón de años más antigua que la archifamosa Lucy, una hembra de Australopithecus afarensis que ha protagonizado incontables documentales y exposiciones. En la descripción y análisis de Ardi han participado 47 científicos de 10 países. Los estudios profundizan en la anatomía ósea, la locomoción, la dieta y hasta posibles pautas sociales. También se ha analizado el ambiente en el que vivió, caracterizado por sabanas y bosques más densos y fríos que actualmente.
Pruebas biológicas sostienen que el último ancestro común de los humanos y los chimpancés debió de vivir hace seis o siete millones de años, por lo que Ardi es demasiado joven para ser considerada el hipotético eslabón perdido. De hecho, en los últimos años se han descubierto huesos atribuidos a especies mucho más antiguas, como el famoso cráneo de Toumai (Sahelantropus tchadensis), aunque su adscripción en la línea humana de la evolución no está clara. Ardi, en cambio, ya forma parte de nuestra estirpe pese a que mantiene algunos rasgos primitivos. «Si Ardipithecus no fue nuestro antepasado, estuvo estrechamente relacionado con él», subraya uno de los jefes de la investigación, Tim White.
110 HUESOS / Los científicos presentan en Science el análisis de 110 fósiles de Ardipithecus ramidus localizados en Afar. Pertenecen a 36 individuos de todas las edades, pero el más completo es sin duda el esqueleto de Ardi, pues conserva parte del cráneo, dientes, pelvis y huesos de las manos y los pies. Ardi tenía un cerebro pequeño, similar a las hembras del chimpancé actual. Su cara tenía un hocico prominente, como los simios, aunque no se proyectaba tan adelante como los actuales chimpancés.
Cuando caminaba, Ardipithecus ramidus no utilizaba los nudillos de las manos como apoyo, tal como hacen algunos grandes simios, aunque la ausencia del típico puente de los pies humanos sugiere que tampoco era un buen corredor.
Los dientes alejan a Ardi tanto de los Australopithecus como de los simios. Por ejemplo, el esmalte indica que Ardi y su linaje tenían una dieta omnívora relativamente diversa que incluía frutas y otros alimentos del bosque, como nueces y hojas. Finalmente, los dientes, similares en machos y hembras, también sugieren que socialmente era menos agresivo que los simios actuales.
Está por ver si Ardi, adscrita a la especie Ardipithecus ramidus, entrará en los libros de texto, pero como mínimo es un millón de años más antigua que la archifamosa Lucy, una hembra de Australopithecus afarensis que ha protagonizado incontables documentales y exposiciones. En la descripción y análisis de Ardi han participado 47 científicos de 10 países. Los estudios profundizan en la anatomía ósea, la locomoción, la dieta y hasta posibles pautas sociales. También se ha analizado el ambiente en el que vivió, caracterizado por sabanas y bosques más densos y fríos que actualmente.
Pruebas biológicas sostienen que el último ancestro común de los humanos y los chimpancés debió de vivir hace seis o siete millones de años, por lo que Ardi es demasiado joven para ser considerada el hipotético eslabón perdido. De hecho, en los últimos años se han descubierto huesos atribuidos a especies mucho más antiguas, como el famoso cráneo de Toumai (Sahelantropus tchadensis), aunque su adscripción en la línea humana de la evolución no está clara. Ardi, en cambio, ya forma parte de nuestra estirpe pese a que mantiene algunos rasgos primitivos. «Si Ardipithecus no fue nuestro antepasado, estuvo estrechamente relacionado con él», subraya uno de los jefes de la investigación, Tim White.
110 HUESOS / Los científicos presentan en Science el análisis de 110 fósiles de Ardipithecus ramidus localizados en Afar. Pertenecen a 36 individuos de todas las edades, pero el más completo es sin duda el esqueleto de Ardi, pues conserva parte del cráneo, dientes, pelvis y huesos de las manos y los pies. Ardi tenía un cerebro pequeño, similar a las hembras del chimpancé actual. Su cara tenía un hocico prominente, como los simios, aunque no se proyectaba tan adelante como los actuales chimpancés.
Cuando caminaba, Ardipithecus ramidus no utilizaba los nudillos de las manos como apoyo, tal como hacen algunos grandes simios, aunque la ausencia del típico puente de los pies humanos sugiere que tampoco era un buen corredor.
Los dientes alejan a Ardi tanto de los Australopithecus como de los simios. Por ejemplo, el esmalte indica que Ardi y su linaje tenían una dieta omnívora relativamente diversa que incluía frutas y otros alimentos del bosque, como nueces y hojas. Finalmente, los dientes, similares en machos y hembras, también sugieren que socialmente era menos agresivo que los simios actuales.

